“Goya en tiempos de Guerra” o las barbaries de la sinrazón
By Madriz on Sunday, May 25 2008, 00:00 - Cultura y Ocio - Permalink
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Entrada a la exposición en el Museo del Prado
El Museo del Prado alberga, desde el pasado 15 de abril, la exposición “Goya en tiempos de Guerra”, con la que quiere conmemorar el bicentenario del mayo de 1808 y el inicio de la Guerra de la Independencia. Las obras estrellas son La carga de los mamelucos y Los fusilamientos del 3 de mayo que tras pasar un largo proceso de restauración y limpieza vuelven a lucir en las paredes del museo.
Los que crean que ya lo han visto todo sobre Goya se van a llevar una sorpresa con esta exposición, ya que se han recogido casi doscientas obras del artista aragonés, de las cuales un treinta por ciento procede de colecciones particulares y nunca han sido expuestas al público, como Majas al balcón y Retrato de la Marquesa de Montehermoso, ambas de colecciones particulares; Fraile Pedro aporreando Maragato con la culata de la pistola del Art Institute de Chicago; El Prendimiento de Cristo de la Catedral de Toledo o el conjunto de nueve pinturas procedentes de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
De las doscientas obras, noventa son pinturas y el resto litografías, aguardientes y grabados y conforman la exposición más importante sobre Goya, desde la organizada también por el Prado en 1996.
La exposición está situada en la primera planta del museo y las obras están distribuidas en una veintena de salas. La muestra se ha estructurado en cuatro periodos históricos, cada uno precedido por una introducción y una cronología que relaciona la actividad de Goya con los acontecimientos más destacados de la época: Goya, pintor de Cámara (1785-1809); Goya, entre la pintura cortesana y la actividad privada (1800-1808), Goya y la Guerra (1808-1814) y Goya, el arte como denuncia del refugio (1814-1820) .
Comienza a finales del siglo XVIII, cuando Goya inició una nueva etapa de mayor independencia creativa y de avances estilísticos, que culmina en la serie de grabados Caprichos y con la Familia de Carlos IV y finaliza con su última obra pública, La comunión de San José de Calasanz, periodo marcado por la enfermedad que le provocó la sordera.
Goya y Madrid
En el centro de la exposición se sitúan Los fusilamientos del Dos y Tres de mayo. Ambos lienzos han sido restaurados por especialistas: se han rebajado los barnices amarillentos que han devuelto a la obra la profundidad y transparencia del color original. Además, detalles técnicos y pinceladas, ocultas por los deteriorados barnices, han quedado de nuevo visibles.

La comisaria de la exposición es Manuela Mena, jefa del área del Pintura del siglo XVIII y Goya del Museo del Prado, señala que el gran número de obras reunidas para la exposición procedentes de instituciones nacionales e internacionales, así como de colecciones particulares hacen que ésta sea una ocasión única para contemplar el trabajo del pintor desde su “renacer” como hombre y como artista a una “nueva sensibilidad” para captar lo esencial y abandonar lo superfluo.
Para Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, esta muestra, que abarca veinticinco años de la vida del pintor cargados de gran intensidad política, es como un “diario” que ofrece un “verdadero testimonio” del “triunfo de la sinrazón”.
Los visitantes no quedarán indiferentes ante la muestra, sino que saldrán con mal cuerpo ante las barbaries plasmadas por Goya. Manuel Matilla, jefe del Departamento de dibujos y estampas de la pinacoteca apunta que esta “no es una exposición para pasar un buen rato, es una revisión sobre la violencia y su actualidad".
La exposición , que finaliza el 13 de julio, será gratuita para los jóvenes de entre 15 y 25 años los próximos 30 de mayo y 27 de junio, es decir, los últimos viernes de cada mes de 20,30 a 22,30 horas, fuera del horario habitual.
Lola García Fernández
De las doscientas obras, noventa son pinturas y el resto litografías, aguardientes y grabados y conforman la exposición más importante sobre Goya, desde la organizada también por el Prado en 1996.

Comienza a finales del siglo XVIII, cuando Goya inició una nueva etapa de mayor independencia creativa y de avances estilísticos, que culmina en la serie de grabados Caprichos y con la Familia de Carlos IV y finaliza con su última obra pública, La comunión de San José de Calasanz, periodo marcado por la enfermedad que le provocó la sordera.
Goya y Madrid
En el centro de la exposición se sitúan Los fusilamientos del Dos y Tres de mayo. Ambos lienzos han sido restaurados por especialistas: se han rebajado los barnices amarillentos que han devuelto a la obra la profundidad y transparencia del color original. Además, detalles técnicos y pinceladas, ocultas por los deteriorados barnices, han quedado de nuevo visibles.

La comisaria de la exposición es Manuela Mena, jefa del área del Pintura del siglo XVIII y Goya del Museo del Prado, señala que el gran número de obras reunidas para la exposición procedentes de instituciones nacionales e internacionales, así como de colecciones particulares hacen que ésta sea una ocasión única para contemplar el trabajo del pintor desde su “renacer” como hombre y como artista a una “nueva sensibilidad” para captar lo esencial y abandonar lo superfluo.
Para Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, esta muestra, que abarca veinticinco años de la vida del pintor cargados de gran intensidad política, es como un “diario” que ofrece un “verdadero testimonio” del “triunfo de la sinrazón”.
Los visitantes no quedarán indiferentes ante la muestra, sino que saldrán con mal cuerpo ante las barbaries plasmadas por Goya. Manuel Matilla, jefe del Departamento de dibujos y estampas de la pinacoteca apunta que esta “no es una exposición para pasar un buen rato, es una revisión sobre la violencia y su actualidad".
La exposición , que finaliza el 13 de julio, será gratuita para los jóvenes de entre 15 y 25 años los próximos 30 de mayo y 27 de junio, es decir, los últimos viernes de cada mes de 20,30 a 22,30 horas, fuera del horario habitual.
Lola García Fernández
Comments
:-) enhorabuena por el artículo, muy muy completo...
XD. Muy bueno el artículo y una obra preciosa. Tuve la suerte de poder verla incluso antes de su propia apertura. Imprescindible ver. Saludos Lola.
ENTRE LA INVESTIGACIÓN Y EL PARQUE TEMÁTICO
Es indudable que nos encontramos en un tiempo de pulsiones culturales multidireccionales, en el que a diferencia de otras épocas históricas, podemos encontrar simultáneamente muestras artísticas que valoran, promueven o disipan -según los interesen de las instituciones y del sesgo ideológico de quienes las comisarían- determinados legados artísticos, especialmente relacionados con la identidad nacional.
La extensa obra de Francisco de Goya y Lucientes, es por supuesto, dado el amplio espectro temático al que hacen referencia sus pinturas, grabados o dibujos, un depósito al que acudir en cuanto se presenta la necesidad de rentabilizar políticamente el simple discurrir de los tiempos y la repetición de fechas capaces de inscribirse en la excepcionalidad celebratoria. Es desde esta constatación, desde la que se hace ineludible comparar las opuestas directrices culturales, desde las que se presentan al público dos importantes exposiciones en Madrid, relacionadas ambas aunque con modos de hacer bien distintos, con la conmemoración bicentenaria de la Guerra de la Independencia.
Es históricamente un lugar común, encontrar los hitos mediante los cuales cada época, ha construido una mirada sobre acontecimientos del pasado que le son pertinentes para estructurar un discurso; ya sea éste de carácter hegemonista para tratar de recuperar determinados sentimientos de exaltación patriótica, necesarios para el ejercicio del poder, o por el contrario, la recuperación histórica sirva como proceso de reflexión y crítica, en la que se ponen nuevamente en valor vivencias y procesos históricos que, sirven de sustrato y estructura de referencia subliminal para reflexionar acerca de procesos contemporáneos, a los que los mecanismos hegemónicos del poder impiden mostrar su funcionamiento y hacerse presentes en el pensamiento de la sociedad del momento.
Esta reubicación de excepcionalidades en el imaginario social, ha oscilado por lo general, entre la instrumentalización celebratoria para proporcionar al poder nuevos recursos mediante los cuales se legitiman desactivados de su carga crítica dispositivos populares, y, la reactivación desde el archivo, de materiales de época cargados de potencial verosimilitud, mediante los cuales proyectar una lectura crítica del pasado y una visualización del futuro. Esta tradicional oscilación ha sido posible, gracias a la emergencia en determinados momentos de mecanismos de representación política más tolerantes y, ha favorecido que sobrevivieran diferentes discursos a partir de un mismo acontecimiento -construidos en los momentos que les eran ideológicamente afines- poniendo en evidencia que, cada época construye su propio relato del pasado, a la vez que proyecta sobre el futuro las modificaciones discursivas sobre aquellos acontecimientos.
Actualmente, podemos observar el funcionamiento simultáneo de ambos modos de hacer, y de posicionarse frente al pasado para construir el futuro, en sendas exposiciones que tienen lugar en la Fundación Lázaro Galdiano y en el Museo Nacional del Prado. Ambas en Madrid, aunque, separadas por la distancia conceptual existente entre ellas. Unos modos de hacer que identifican "Vivencia y memoria de la Guerra de la Independencia" con la producción y la reflexión cultural marcada por la interdisciplinariedad de la investigación, la excepcional importancia de la cultura visual en cualquier análisis de nuestra época y una puesta en circulación del archivo para “el común”. Por el contrario, "Goya en tiempos de guerra", se inscribe en el circuito de reconversión del museo en parque temático, emborracha al público con un número indigerible de obras y, difícilmente pude ocultar una ambiciosa participación en la obscena mercantilización del patrimonio artístico y cultural de carácter público.
La exposición "Vivencia y memoria de la Guerra de la Independencia", funciona como un discurso en el que, es posible establecer una lectura expansiva y diacrónica que, nos lleva desde la crítica a la cotidianeidad de la barbarie en la cultura popular, vinculada al oscurantismo inquisitorial y a la obstrucción al desarrollo ilustrado propuesta en las estampas de Goya, hasta la elisión en la actual rememoración de "Mayo del 68", de muchos de los indicadores de la crisis narratológica de la postguerra europea.
Las huellas dejadas por la actividad artística, las sucesivas recuperaciones de obras artísticas especialmente pertinentes en determinados momentos históricos y las relecturas visibles a través de los textos a los que dieron lugar; se han organizado en un discurso transversal que, enlazando la espontaneidad del diario del ingeniero militar José María Román, con la reflexión instructiva que el crítico Ceferino Araujo vinculaba a la importancia que la organización de los museos existentes y la creación de otros tiene en el desarrollo del gusto -sirviendo de enseñanza y aportando modelos de influencia-, nos catapultan a través de "La España Moderna" y el interés que tuvo su mentor José Lázaro Galdiano por dar a conocer obras y vivencias de quienes consideraba sujetos ejemplares de nuestra identidad nacional, hasta los albores de un siglo en el que una nueva guerra, introduce otra vez una brecha de incalculables consecuencias en la construcción de la identidad social.
Que la exposición busca instruir deleitando, se confirma con la puesta a disposición del público de los excelentes ensayos que conforman el catálogo y de la edición de los manuscritos que dan el hilo conductor de la exposición. Este conjunto, nos hace presente que, a pesar de las trampas de la memoria, las angustias del recuerdo, la manipulación del archivo y la perversión de los mecanismos del lenguaje impulsada por los intereses hegemónicos del poder, se puede trabajar honestamente sin dejarse seducir por la vorágine estrictamente comercial al uso, convirtiendo una exposición en un escenario de reflexión y conocimiento.
En las antípodas conceptuales, encontramos los planteamientos formalistas que, una vez más repiten los esquematismos canónicos, insisten en utilizar el museo como instrumento legitimador de una puesta en valor de las obras cada vez más estrictamente comercial y, paradójicamente, menos vinculada a la pregnancia de la obra en el territorio de la estética que en otros tiempos servía como criterio de calidad. Resulta difícil obviar en "Goya en tiempos de guerra", el trasfondo de un modo de hacer especulativo, enriquecedor del patrimonio personal de quienes convierten en fetiches las obras artísticas del patrimonio público y, la voluntad hegemonista de un comisariado que, destaca por elaborar una exposición sin discurso posible.
"Goya en tiempos de guerra", explota la reciente restauración de los dos grandes lienzos del 2 y 3 de mayo de 1808 en Madrid, coincidiendo con el 200 aniversario de mayo de 1808 y el inicio de la guerra de la Independencia, para estructurar una muestra marcada por el carácter de catalogación estrechamente vinculado al comercio del arte. Por supuesto, no hace falta ser un experto para darse cuenta que la ausencia de "La Lechera", aun estando mas próxima a las consecuencias de la guerra que otras muchas de las obras que se presentan, responde a la puesta en práctica de la dudología sobre obras de Goya, impulsada por la Sra. Wilson-Bareau. A esta ausencia, hay que contraponer la inclusión de otras muy anteriores a la guerra y la organización de la muestra mediante un apabullante despliegue de medios, que ofrecen el dudoso espectáculo de acumulación, de mismidad, elementos de excepcional importancia en el proceso de aculturación característico del parque temático.
Por supuesto, la ambición del comisariado por establecer un record de obras, contradice incluso el propio título de la exposición, llevando los “tiempos de guerra” casi hasta la coronación de Carlos IV. Con ello, desaparece cualquier modo de establecer un hilo argumental que pueda guiar al público en el encuentro con las obras de Goya. Sometido a la repetición y el desconcierto, el espectador terminará, incluso contra su voluntad, sumergido en el carrusel del parque temático para descerebrados, sin encontrar alguna clarificación de los motivos, vivencias, desasosiegos y cambios sociales que tuvieron lugar en la época de referencia.
A la confusión que genera esa acumulación de obras, puestas una al lado de otra como si hicieran referencia al relato de Borges, hay que añadir, el bochornoso espectáculo de un catálogo, en el que lo más significativo es la ausencia de bibliografía que corrobore la opinión de los/as autores, el retorno a la verborrea sobre las transparencias y la excelencia o faltas en la técnica del maestro y la enumeración antológica de fechas, característica de los expertizadores comerciales.